Aprender a definir el propio camino

Cómo van cambiando los tiempos…

Antes, como todo el mundo que comienza a caminar por las religiones afrocaribeñas, tenía esa inquietud de visitar muchas casas, conocer religiosos, iniciar gente, viajar, aprender de diferentes personas y participar en distintos espacios.

Pero después de muchos años, todo eso va cambiando.

Hoy ya no me interesa iniciar gente por iniciar. Ya conocí a muchos religiosos, muchas casas y diferentes formas de entender la religión. Y, sinceramente, ahora ya no siento la necesidad de ir a ningún lado. He definido mi propio giro y, para poder hacerlo de una manera seria y coherente, me han hecho falta muchos años de experiencia, aprendizaje y práctica.

Hoy entiendo mucho mejor lo que hago.

Antes me gustaba el debate, defender mis ideas y tratar de demostrar por qué veía las cosas de determinada manera. Hoy ya no me interesa si alguien piensa igual que yo o si piensa completamente diferente.

La religión es mía. Es parte de mi camino y de mi vida.

Mis servicios, por supuesto, incluyen determinadas prácticas y herramientas de mi formación, pero ya no siento aquella prisa de antes. Hoy trabajo y, cuando termino, practico mi religión. Tengo muy pocos ahijados y creo que así está bien. Para mí, es suficiente.

También ha cambiado mi manera de entender mi trabajo.

Mi objetivo es solucionar los problemas de mis clientes, impulsar sus proyectos, ayudarlos a encontrar caminos y, en la medida de mis posibilidades, contribuir a mejorar sus vidas. No necesito convertirlos ni convencerlos de que crean en lo mismo que yo.

No vendo religión.

No me interesa si una persona cree o no cree en ella. Cada quien tiene derecho a creer en lo que quiera. Si una herramienta le funciona, adelante.

Al final, para mí, lo importante no es solamente la herramienta que se utiliza, sino lo que se obtiene de ella y los resultados que puede generar.

A algunas personas les ha ido muy bien con mi metodología; a otras, no tanto. Y también he aprendido a aceptar eso. No todo funciona igual para todos, y no todas las personas necesitan lo mismo.

Lo que sí tengo hoy es algo que solamente pueden dar los años: experiencia, criterio, conocimiento y habilidades desarrolladas a través del camino recorrido.

Eso es lo que utilizo.

Ya no necesito demostrarle nada a nadie.

Simplemente hago mi trabajo, practico mi religión, sigo aprendiendo y dejo que los resultados hablen por mí.

Después de tantos años, creo que también eso es parte de evolucionar.

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